Perros y bebés. ¿Cómo conseguir una buena convivencia?

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A muchas parejas les preocupa el momento en que, recién estrenada la paternidad, deben hacer frente a la situación de hacer compatibles la tenencia de un perro con la llegada de un bebé a casa. ¿Será el perro capaz de adaptarse a la nueva situación? ¿Lo aceptará sin más o habrá algún problema? Veamos algunas claves para entender la situación.

En general, cuando hablamos del comportamiento canino, lo primero que debemos tener en cuenta es que no existen soluciones generales, puesto que cada perro está sujeto a unos hábitos y una educación previas que no debemos olvidar a la hora de plantear cambios en la vida de nuestro amigo cuadrúpedo; modificarlas requerirá tiempo y dedicación. Por ejemplo, si nuestro perro está acostumbrado a subirse en las camas, acceder libremente a todas las habitaciones y a subirse en la mesa para “exigir” comida ¿alguien piensa que la conducta del perro cambiará de la noche a la mañana? Con toda seguridad, no. Por tanto, una de las claves para evitar problemas futuros es no esperar a que llegue la situación real para entrenarla con nuestro perro. En el caso que nos ocupa, si nuestra mascota va a sufrir cambios en su vida: de habitación donde duerme, come, juega… cambio de mobiliario, restricciones en el acceso a lugares determinados, limitación en el número de salidas y juego, etc Todos ellos, deberían realizarse antes de la llegada del bebé a casa para, por un lado, estén ya trabajados y modificados estos aspectos y, por otro; para que cuando llegue, no relacione esta situación con una limitación en sus “derechos” y por tanto, con una situación negativa.

Esto último que hemos comentado nos da una nueva clave para compatibilizar la vida del recién nacido con la de nuestro perro: evitar que nuestra mascota relacione la llegada del bebé con situaciones negativas en su vida. Una de estas situaciones en la que se suele “meter la pata” es en la llegada del recién nacido a casa. Muchas personas afrontan esta situación encerrando al perro en otra habitación y evitando a toda costa que el perro se acerque al niño debido a que podría hacerle daño al subirse o por el miedo a que intente morder al bebé. Como hemos comentado antes, si es un perro que tiende a subirse a las personas, esto debería ser trabajado antes para que, llegada la situación, esto no suceda. Igualmente, si nuestro perro muerde a las personas desconocidas, también deberíamos de trabajar con anterioridad esto. Sin embargo, si nuestro perro no tiene problema alguno con las visitas, no deberíamos tener miedo a que le haga daño alguno a nuestro pequeño. Lo que tendríamos que hacer en este caso es presentar el bebé al perro dejándolo que lo huela y lo vea. Previamente podríamos darle una prenda que haya estado en contacto con el niño y que se haya impregnado de su olor para que, cuando llegue a casa, le resulte familiar dicho olor. Así mismo, es recomendable que, en los primeros momentos, siempre que aparezca el niño sucedan cosas buenas para el perro para que, de esta manera, nuestra mascota asocie de manera positiva la presencia del recién llegado a casa.

A grandes rasgos, estas serían algunas recomendaciones a tener en cuenta para conseguir nuestro objetivo de compatibilizar y hacer posible la convivencia entre nuestro perro y el nuevo miembro de la familia. Como habéis leído, parte del éxito está en preparar correctamente la llegada del bebé a casa modificando las conductas que creamos que pueden interferir en este sentido. Por tal motivo y, siempre que hablamos del bienestar del perro en casa a través de la modificación de conductas, os recomiendo que contactéis con un profesional de la educación canina que, a buen seguro, os podrá dar las pautas específicas que necesitéis para vuestro caso particular.

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